martes, 14 de junio de 2016

El Capote

El Capote
Nikolai Gógol

El Capote es una novela escrita por el ruso Gógol que contiene varios aspectos llamativos. Este análisis se realiza a partir de una primera lectura rápida en la cual pretendo realizar un entendimiento propio de la obra. Posteriormente, se llevará a cabo la lectura de Eichenbaum que permite una reflexión más profunda de esta novela.

En lo personal, considero que el estructuralismo es una corriente utópica al pretender buscar un lector ideal que no tenga ningún tipo de influencia, perjuicio o contexto social al momento de leer la obra. Es por eso que previo a leer la novela, yo como lectora, realicé de manera inconsciente un ejercicio: traté de ubicarme en el contexto social e histórico de la obra con el fin de adentrarme en el relato, en la descripción de los personajes, tiempo y espacio. En realidad no sé si este ejercicio que realizo siempre sea el adecuado o sea aceptable para criticar obras literarias pero lo que sé es que me resulta más práctico al momento de entender a los personajes y a la trama de la historia.

En fin, para leer a Gógol me adentré en la literatura rusa y también en la cultura de esta sociedad, cosa que en realidad resultó curiosa por la falta de importancia del argumento de la novela (este aspecto será analizado más tarde y constituyó un completo cambio de paradigma para mí).

Para empezar, noté que el narrador cuenta la historia a la audiencia o al lector de una manera coloquial, se podría decir que hasta se trata de una narración completamente informal. A lo largo de esta narración, el tono tiene gran relevancia en cuanto el narrador se permite hacer disquisiciones acerca de la moral de la sociedad rusa de la época, presentar a los personajes y pequeños pedacitos de su historia o hasta contar anécdotas que nada tienen que ver con la línea que sigue el texto. Así, Gógol realiza una obra revolucionaria en cuanto de una anécdota simple reconstruye un relato completamente memorable.

El narrador cuenta un suceso en la vida de Akakiy Akakievich, un funcionario público de un departamento ministerial que nunca se menciona. Pareciera que la falta de información se debe a un descuido del autor; sin embargo, los borradores del texto demuestran que la intención de Gógol justamente era ésa. Sin más digresiones, el autor provee ciertas características de este protagonista de “quien apenas si se puede decir que tenía algo de particular.” Gógol presenta a un personaje central que no es un héroe ni un villano, ni siquiera se trata de alguien memorable. Akakievich es un mero funcionario público y para el colmo su posición difiere en gran medida de un puesto de importancia.

A continuación, se relatan ciertos eventos de la vida de Akakievich como el origen de su nombre, el significado de su apellido y un sinfín de singularidades que a primera vista carecen de importancia. Akakievich se desempeñaba en su cargo de copista de manera impecable. Es cierto que copiaba a la perfección pero también es cierto que no demostraba habilidad para ninguna otra tarea. Por esta y muchas razones más, sus compañeros de trabajo encontraban en él un objeto perfecto para sus burlas. Cuando esto sucedía, el pobre bajaba la cabeza y a menos que se trate de alguna burla que le impida seguir con su trabajo, simplemente ignoraba los comentarios.

Cabe recalcar la falta de interés del protagonista en cualquier tipo de evento social. Nunca iba al teatro o a fiestas. Su única pasión era la de copiar y se puede ver en la personificación de Akakievich ese espíritu de resignación de aquellas personas que se alegran con la simpleza de sus vidas.

Un día, Akakievich siente un dolor en su espalda y en su hombro cuyo origen se encuentra en la falta de utilidad de su capote. Aquí es importante mencionar que el frío de Petersburgo es un elemento primordial del relato y se despliega a lo largo de este. A causa del imperioso frío que se acercaba, el protagonista cae en cuenta de la importancia de arreglar el capote. Acude a la casa de Petrovich para que este remiende su abrigo. Estos intentos son vanos ya que dos veces (una sobrio y otra con una resaca insoportable) Petrovich se niega a arreglar el capote. Al contrario, convence a Akakievich a invertir en un nuevo capote que él mismo crearía.

Es este punto el que marca un antes y un después de esta novela. La decisión de pagarse un nuevo capote cambia completamente a Akakievich, demostrando la relevancia de este  evento en la vida del funcionario público. Para poder costear el capote, el protagonista se priva de muchas necesidades básicas y aprende el significado del sacrificio con fin de adquirir un bien material.

Dos semanas se tarda Petrovich en realizar el capote y cobra la módica suma de doce rublos. Akakievich definitivamente ve su sueño cumplido en el capote. ¡Es todo lo que él esperaba y más! Este evento es de tan importancia en el relato que gracias al nuevo capote se realiza una reunión en casa de un funcionario. Akakievich decide ir no sin antes presentar varias excusas. Para llegar al lugar, Akakievich debe recorrer toda la ciudad y en este punto se juega con un elemento esencial: la luz. El protagonista debe salir de la oscuridad que representa su hogar y dirigirse a la luz que representa el hogar de los ricos. Al llegar allí, Akakievich toma dos copas y decide regresar a casa.

En el camino a casa, Akakievich es víctima del robo del capote. Así como el capote fue su mayor alegría, la pérdida de este resulta para el protagonista su peor desgracia. Akakievich realiza múltiples diligencias para recuperar el abrigo, todas de estas infructuosas. Hasta acude a un alto funcionario, quien a pesar de tener un buen corazón lo trata de manera despiadada por no seguir el proceso adecuado. Cansado y sin su capote, el protagonista enferma y muere.

Pero este no es el final del relato. Gógol sorprende al lector para relatar un final que incluye un fantasma en busca de su capote, admitiendo que se trata de un desenlace un tanto fantástico. El fantasma deja de realizar apariciones cuando se roba el capote del general.

Comentario personal:

A lo largo del resumen del relato he emitido ciertos comentarios. Algo que me llama la atención de la novela es que si bien podría ser tratada como realista, no lo es. Esto me confundió al principio pues consideré que se trataba de una obra del realismo en cuanto relataba y describía la sociedad rusa de la época, los vicios como el alcohol, criticaba la extrema burocracia o recalcaba el frío como elemento crucial en la vida cotidiana de cualquier ruso. ¡Qué lejos me encontraba de una verdadera interpretación a la obra de Gógol! Es cierto que todos estos elementos se encuentran presentes a lo largo de la obra, pero Gógol no pretende desarrollar un argumento sino presentar un relato directo en el cual los mínimos detalles resultan ser lo más importante. Creo que esta es la gran magia de este relato y el logro del autor.

Esta novela (no se llama así en español sino que simplemente traduje el término francés e italiano) es una sátira. Desde la presentación de los personajes hasta la descripción de lugares o eventos pretenden ser cómicos. Esto se muestra claramente en la importancia del capote a lo largo de la historia. Tan relevante es el abrigo que cambia completamente al personaje principal la simple idea de adquirir un capote nuevo. Un evento que sería irrelevante para muchos, constituye la trama principal del relato.

También me sorprende las críticas que se realizan a la sociedad rusa a lo largo de la obra. Si bien probablemente este no era la intención del autor, el lector rescata ciertas críticas fuertes a la extrema burocracia, a las instituciones como la policía y a la humanidad. Este último me asombra puesto que Gógol permite analizar a aquellas personas que se burlan del más débil o que escogen a una víctima de sus bromas con el fin de sentirse superiores.

Más allá de esto, la mera existencia del protagonista pareciera carecer de importancia para sus allegados. Tanto así que a la muerte de Akakievich sus compañeros no lamentan la pérdida sino que simplemente lo reemplazan por otra persona. Esto me recuerda un poco a la muerte de Gregorio Samsa en La Metamorfosis, hecho que constituye un alivio para sus familiares. Como si en vez de contribuir en algo, tanto Samsa como Akakievich simplemente hubieran sido poco más que un estorbo para sus cercanos. No tan cierto en Akakievich, pero hago esta burda comparación con el fin de denotar la carencia de importancia que implicaba la existencia del protagonista para sus allegados. Este elemento constituye una clara deshumanización del hombre.

Así, en medio de eventos cómicos – desde la elección de nombres hasta las anécdotas – Gógol convierte el relato entero en una sátira que contiene ciertos elementos aleccionadores. El autor logra mezclar comedia con un poco de tragedia –el lector en realidad siente compasión al leer de la pérdida del capote-. Logra también criticar a varias instituciones rusas – la burocracia, los altos puestos de los funcionarios, la manera en que deben portarse las personas importantes para “hacerse respetar”, entre otros-. Todo esto a través del relato de una simple anécdota de un abrigo.  






martes, 7 de junio de 2016

Frontispicio

FRONTISPICIO


Nací en el siglo de la defunción de la rosa
cuando el motor ya había ahuyentado a los ángeles.
Todo ha pasado ya, en sucesivo oleaje,
Como las vanas cifras de la espuma.
Y el recuerdo es apenas un nenúfar
Que asoma entre dos aguas

El poema de Jorge Carrera Andrade parece emitir una queja, un sollozo melancólico que atraviesa el aire. Como el título evoca, esta obra no pretende acceder a una audiencia o tener un público determinado sino que su mera existencia ya constituye un consuelo. Podría tratarse de un viaje realizado desde la Sierra ecuatoriana a la Costa a través de recuerdos, vivencias y experiencias de una grandiosa niñez que queda atrás para dar paso a la adultez.

Los seis versos a los que hago referencia se encuentran gravemente influenciados por sentimientos nostálgicos de tiempos perdidos, de épocas mejores. Las palabras expresan una suerte de resignación a aquello que se encuentra en el pasado, pero también una suerte de añoranza por lo que quedo atrás. Como todo en la vida pasa, así han pasado momentos caracterizados por la inocencia de la infancia. Y es la invocación al oleaje la que permite al lector adentrarse en un suave ritmo en el cual puede rememorar sentimientos vividos. Así, el lector se ve llevado a recordar eventos o sucesos que alguna vez fueron importantes y que el tiempo se los llevó.

El origen de la obra de arte de acuerdo a Heidegger

El origen de la obra de arte
Martin Heidegger

El texto de Heidegger tiene por objetivo encontrar, si esto es posible, el origen de la obra de arte. Más allá del origen, a mi consideración el autor pretende encontrar el significado, la realidad o como él lo llama “el ser” de la obra de arte. Esto, sin duda alguna, es una meta sumamente ambiciosa en cuanto implica desentrañar o alcanzar cierto grado de conocimiento abstracto complejo.
Para empezar, el autor define origen como “aquello a partir de donde y por lo que una cosa es lo que es y tal como es.” En palabras de Heidegger, el origen de algo es la “fuente de su esencia.” Ahora bien, encontrar la esencia del arte o lo que le hace ser lo que es a la obra de arte es objeto de gran análisis a lo largo del documento. Llama la atención que en este intento de descifrar al arte, Heidegger llega a un punto que él lo llama círculos viciosos en cuanto no hay respuesta certera con respecto a qué fenómeno sucedió primero. Así, ¿es el arte el origen de la obra o la obra es el origen del arte? 
Con el fin de encontrar la esencia del arte, Heidegger procede a realizar un análisis de lo que es y como es una obra efectiva. Es cierto que la obra es alegoría y símbolos; no obstante, esto no es suficiente para determinar la esencia verdadera de la obra. Por supuesto que se puede decir que la obra es una cosa pero la acepción más cercana que propone el autor es aquella por la cual se debe tomar a la cosa “tal y como se presenta” con su materia y forma. A través de esta, se puede afirmar que el carácter de cosa de la obra de arte reposa en la materia por la cual se encuentra conformada esta.
Heidegger se encarga también de establecer la diferencia entre un utensilio y la obra de arte. Esta cuestión parecería simple a primera vista aunque al contrario, requiera de un análisis pormenorizado el cual impida que exista duda. La diferencia radica en la autosuficiencia de la obra en comparación del utensilio. La obra solamente necesita ser para existir y cumplir con su función. Además, mientras el utensilio únicamente presencia la verdad, la obra de arte es la verdad.
El punto álgido de este texto recae en la relación entre el arte y la verdad. El autor sostiene que “ha sido la obra de arte la que nos ha hecho saber lo que es de verdad.” Parte de esto a través de un ejemplo de la pintura de un par de botas, lo cual resulta bastante ilustrativo. Es importante reconocer que el autor acepta y se aleja de la corriente superada por la cual el arte es una reproducción o imitación de la realidad. Al contrario, Heidegger afirma que la obra es una reproducción de “la esencia general de las cosas.” Esto quiere decir que Heidegger afirma que la obra de arte es la verdad en cuanto implica un desocultamiento del ente.
La verdad en este texto va a ser entendida como “lo real” y como ya se mencionó previamente, como “desocultamiento.” Ahora bien, es cierto que no existe verdad absoluta ni verdad alguna que no pueda ser refutada al menos en lo mínimo.”. Sin embargo, ¿cómo puede acontecer la verdad en la obra de arte? Esta es una pregunta que se cuestiona al autor y que brinda como respuesta el combate existente entre tierra y mundo. Esto debido a que ser-obra significa “levantar un mundo” y de esta manera se “trae aquí la tierra.” Estos dos aspectos constituyen elementos esenciales de la obra.
Es necesario tener claro que para Heidegger “en la obra obra el acontecimiento de la verdad.” En este punto el autor da importancia a la actividad del artista en la creación de la obra pero pasa superficialmente el rol del artista y se aproxima únicamente a la obra de arte como una creación que “saca a lo presente como tal fuera del ocultamiento.” Sin embargo, no basta que la obra haya sido creada sino que necesita también ser cuidada. Estos cuidadores son aquellas personas que se mantienen en el interior de la apertura “de lo ente acaecida en la obra.”
Finalmente, Heidegger concede al arte en alta estima y más aún al poema que cuestiona si el arte en todos sus modos “agota verdaderamente la esencia del poema.” Además, afirma que el arte es el “poner a la obra de la verdad.” En mi consideración, este concepto resulta vago y confuso. 



Comentario personal

Sin duda alguna, Heidegger es un autor complejo de ser leído por su táctica discursiva a lo largo del texto y por las cuestiones planteadas que implican un proceso complejo de conocimiento y de conexión con las ideas planteadas. El tema sobre el origen del arte encauza al lector por una vía determinada en la cual el autor establece ciertas dudas que serán respondidas y refutadas por él mismo.
Heidegger da un gran peso a la obra de arte como una expresión de la verdad y como la captación de la verdad a través del desocultamiento. Honestamente, no sé si comprendí exactamente lo que pretende sostener el autor; sin embargo, esto me resulta asombroso en cuanto implica que toda obra de arte contiene la verdad. Más allá de la aproximación a la verdad como un enfrentamiento entre lo oculto y lo claro de un ser, yo me pregunto si esto es cierto, si absolutamente toda obra de arte contiene la esencia de “lo real”. Además, vuelvo al tema de la institucionalización en cuanto quién determina el valor de una obra y a quién o a qué beneficia el arte. Esto debido a que arte implica varias áreas extensas y como hablamos en clase, al menos la literatura responde en su mayoría a intereses del grupo que sostiene el poder en la época determinada. Siendo así, ¿todavía pensamos que toda obra de arte contiene la esencia de la verdad? Claro que sí se acepta la definición de verdad ofrecida por el autor es mucho más fácil sostener esta teoría pero entonces, ¿qué es la verdad?, ¿alguien ha propuesto una definición “verdadera” de la verdad?, ¿acaso no resulta un concepto abstracto como el de la justicia o el de la literatura?
Además, me resulta difícil entender el rol del artista a través del texto. En primer lugar, ¿cómo este artista puede ser conocedor de la verdad?, ¿cuál es la fuente de este conocimiento? Si el artista resulta ser el creador de la obra y la obra es el “desocultamiento” del ente, ¿cuál es el rol de aquellos que no son artistas, únicamente aceptar esta verdad? No sé si en realidad me estoy desviando un poco del tema central que plantea el autor pero me resulta difícil seguir la línea si no encuentro el rol del artista a lo largo del texto.
Al final, ¿qué es la obra de arte y cuál es su relación con la verdad? Para mí no se resolvió la duda con absoluta claridad pero tampoco ese era el objetivo del autor en cuanto este un enigma de gran complejidad. Por último, es válida la duda del autor en torno vigencia del arte en tiempos actuales y en la necesidad de este para acontecer la verdad.






Un análisis a Eagleton y Selden: fenomenología, hermenéutica y teoría de la recepción

Fenomenología, hermenéutica y teoría de la recepción - Terry Eagleton
Teoría de la recepción – Raman Selden

El segundo capítulo de Eagleton constituye una aproximación a la corriente de la fenomenología, la hermenéutica y la teoría de la recepción. Asimismo, Selden analiza estas corrientes probablemente de manera más didáctica. A lo largo de este análisis, se incluirán ambas lecturas.
 Como dejamos establecido en clase, la literatura nace y tiene por finalidad ser la causa de ciertas ideologías que se reflejan en instituciones cuyos beneficiarios son aquellos que ostentan el poder al momento. A través de esta reflexión se pretende realizar el análisis de estas corrientes.
Descartes, estimaba que “toda conciencia es conciencia de algo” y que por lo tanto, es preciso reducir el mundo exterior al contenido de nuestra propia conciencia. A lo largo de estos días no he podido sacarme esta idea de la cabeza en cuanto su contenido para mí implica que la realidad la creamos nosotros a través de nuestra conciencia. Se la he repetido a mi familia, los cuales o me creen loca o simplemente asienten sin entender el alcance de esta idea que se ha formado en mi mente. A esto, Husserl denomina como la “reducción fenomenológica” y tiene por base que “todas las realidades deben tratarse como meros fenómenos.”
Un aspecto interesante de la fenomenología radica en este sistema de “esencias universales” ya que si bien es cierto que cada uno crea el exterior de acuerdo a su conciencia, hay aspectos invariables en los cuales todos encontramos una base. Esto me resulta curioso por un ejercicio que hice el otro día. Un amigo y yo discutíamos sobre el color rojo justamente porque creemos que él ve el color rojo de otra manera de la cual yo veo el color rojo. Es posible que nuestros ojos entiendan el concepto “color rojo” de manera similar, pero en un sentido práctico, es posible también que el color rojo que él ve difiera del color rojo que yo veo. Esto lo realizábamos justamente porque creemos que es nuestro pensamiento, en este caso nuestra “conciencia” la que nos permite decir “esta camiseta es de color rojo” y que esta ya es una idea pre establecida con la que crecemos, una especie de conocimiento heredado. Sin embargo, a pesar de que su color rojo y el mío probablemente puedan ser distintos (y nunca lo comprobaremos en realidad), lo que tenemos por base es esa esencia del color rojo.
Esto es lo que yo entiendo que sostiene la fenomenología y me resulta asombrosos que su meta sea “un retorno a lo concreto” cuando a mí me ha parecido este un ejercicio tremendamente abstracto. Lo que me parece es que Husserl emprende una actividad a primera vista imposible ya que su objetivo es el estudio de una abstracción denominada como “la conciencia humana.” Además, este objetivo depende completamente de la intuición. Yo me pregunto, ¿existe tal cosa como el estudio de la conciencia de la humanidad a cabalidad?, ¿existe una conciencia humana generalizada, en el sentido de que hay una sola conciencia humana conformada por la esencia de las cosas?
Ahora bien, la crítica fenomenológica en la literatura implica leer el texto y solamente analizar este sin tener en cuenta el contexto histórico, social o hasta las condiciones del autor. En mi opinión esta corriente se acerca en cierta medida al formalismo ruso en cuanto excluye el análisis de todo aquello que no sea el texto literario en un intento de proporcionar “objetividad a este fenómeno.” Y a mi parecer, al excluir el contexto histórico se pierde mucho en cuanto a la capacidad de interpretación de un texto. ¿Es posible interpretar un texto sin conocer nada más que el lenguaje empleado? Además, se me ocurre preguntarme si en realidad el texto requiere de interpretación, ¿acaso el texto no es lo que es simplemente por tratarse de una obra de arte? Aquí me atrevo a incluir a Heidegger y preguntarme si una obra de arte requiere de cuidadores en tanto estos sean entendidos como personas dispuestas a interpretar la obra.
Heidegger, por otro lado, reconoce el “significado de la historia” y su relevancia al momento de analizar la obra. Al contrario del esencialismo promulgado por su maestro Husserl, el filósofo alemán sigue una corriente más bien existencialista. Para el alemán, el “ser humano está constituido por la historia y por el tiempo” y por ende por el lenguaje. Este último tiene gran relevancia en cuanto constituye la verdadera esencia de la existencia del ser humano. Al analizar a Heidegger es posible caer en cuenta la gran diferencia del discípulo con el maestro. Así, en el campo de la crítica literaria la interpretación no se realiza con base en la actividad humana, sino en la obra que debe ser.
A la corriente impulsada por Heidegger se la conoce como la “hermenéutica” debido a que se centra en la relevancia de la interpretación a partir de la historia más allá del concepto de la conciencia universal sostenido por Husserl.
La hermenéutica es un tanto compleja para mí en cuanto no comprendo el alcance de los posibles métodos de interpretación al cual se puede someter a un texto. Además, ¿cómo es posible averiguar la intención del autor cuando nos encontramos en una época distinta a la de la redacción del texto? Siendo así, ¿será alguna vez posible interpretar la verdadera voluntad o mensaje que el autor pretendía enviar a través de su obra? En cuanto a los significados, ¿es cierto que estos se mantienen inmutables a través del tiempo o a la final solamente existen significaciones?
Ahora pasaremos a la teoría de la recepción como la modalidad más reciente de la hermenéutica. Cabe recalcar que este índice me permito incluir a Selden en cuanto este autor habla del mismo tema. De acuerdo a Eagleton, la teoría de la recepción “estudia el papel del lector en la literatura” lo cual implica que el rol del lector es de gran relevancia en cuanto gracias a este la obra se concretiza.
Alguna vez leí que para Borges el cuento tiene por elementos esenciales tanto el principio como el final. Los intermedios simplemente hay que rellenarlos. Esto me recuerda a la teoría de la recepción en cuanto en los cuentos de Borges se permite al lector analizar, interpretar y darle significación a la obra que tiene un principio fuerte, sugerente y un final conclusivo.  
Según la teoría de la recepción, “el proceso de lectura es siempre dinámico.” El lector no es solamente la audiencia o público de la obra, sino que constituye el actor principal de la misma. En clase analizamos al lector y su importancia en la interpretación de la obra con un ejemplo. Si tú lees “El Principito” a los diez años es una obra completamente distinta al volver a releerla a los veinte. Este es mi caso justamente con esa obra. El lector nunca dará un verdadero significado o interpretación a la obra, sino que esta variará de acuerdo a la condición, tiempo y situación en la cual fue leída. Si es así con un lector imaginemos lo que será con miles de millones de lectores. En este punto, ¿dónde queda el rol o la intención del autor de la obra?, ¿dónde queda el mensaje que este quería transmitir y que se estudiaba a través de la hermenéutica?
Ahora bien, ¿cómo debe interpretar el lector?, ¿existen ciertos parámetros o esta tarea se deja únicamente a la voluntad del lector?, ¿se puede confiar en realidad en el lector para que este sea el encargado de interpretar la obra?, ¿qué tipo de lector debe realizar esta tarea?, ¿ es el lector una especie de “cuidador” de acuerdo a lo que Heidegger propone a lo largo de su texto?
En cuanto a los parámetros, Jauss responde con el concepto de “horizontes históricos”. No obstante, esto ayuda en tanto admite que el lector tiene por límite el contexto histórico (social) en el cual fue escrito la obra y que una vez entendiendo este, es posible realizar la tarea de la interpretación. En lo personal no considero que este horizonte histórico sea parámetro suficiente para realizar una interpretación efectiva del texto. Pero una vez más, a mí me cuesta establecer ciertos elementos esenciales que deben caracterizar a la tarea interpretativa o al ejercicio de concretar por parte del lector. Debe ser por eso que la teoría de la recepción genera conflicto en mí.  
Selden destaca ciertos parámetros que Riffaterre desarrolla a lo largo de la teoría. Así, para encontrar la unidad del poema se debe leer el sentido normal de la obra. A continuación, se destacan los elementos agramaticales que dificultan la interpretación mimética normal (¿cuál es exactamente este método de interpretación ). Después se descubren los hipogramas con el fin de deducir estos a una matriz estructural. Esta tarea implica un verdadero ejercicio de abstracción del verdadero sentido o significado del poema. Todos estos detalles de Selden son meramente teóricos y presiento que en la práctica esta tarea debe resultar por lo menos exhaustiva y verdaderamente compleja.
Un aspecto que me pareció interesante es que Fish admite que la “lectura no busca descubrir lo que el texto significa: es un proceso en el cual se experimenta lo que el texto le hace al lector.” Para mí, esto ya no recaería dentro de la teoría de la recepción en cuanto el lector no moldea el texto. Un juego de palabras de Eagleton brinda aclaración al manifestar que “lo que el texto nos hace se reduce, en realidad, a lo que nosotros le hacemos al texto.”  
Finalmente, se me ocurre preguntarme si la teoría de recepción es una simple moda pasajera o será una corriente imperante dentro de la crítica literaria. Asimismo, ¿qué es la obra antes de que el lector la concretice?, ¿es en realidad obra antes de esta tarea?
Por último me gustaría recalcar que Eagleton simplemente analiza cada una de las corrientes a través de este capítulo. Además, se permite realizar ciertas preguntas con el fin de servir de abrebocas a la discusión que debe plantear el lector. Pareciera que por la manera de narrar este capítulo, Eagleton emplea una teoría de la recepción en cuanto el lector tiene un rol importante en la interpretación, cuestionamiento y validez de las corrientes expuestas.
Por su parte, Selden proporciona ciertas aproximaciones a corrientes psicológicas que analizan la teoría de la recepción. Entre estas se encuentran las propuestas de Holland y Bleich. Holland admite que cada persona tiene un sello de identidad primaria, que si bien es susceptible de variación, conserva “una estructura central de identidad estable.” Gracias a este sello, cada persona interpreta la obra conforma a los valores o creencias aprendidos en su infancia y adecúa la obra como una forma de expresión del tema de identidad aprendido. ¿Acaso interpretamos de acuerdo a lo que aprendemos? Siendo así, la obra solamente constituiría un medio para afianzar nuestras creencias y dejaría de ser lo que en realidad es. Por ende, ¿cuál es la finalidad de la obra?, ¿en realidad la obra es una expresión de la verdad como sostiene Heidegger o acaso es una herramienta para sostener la verdad de cada persona? Y nuevamente me cuestiono, ¿qué es la verdad?